El Matrimonio Campesino se destaca en el Festival del Manito Ocueño

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El Matrimonio Campesino se destaca en el Festival del Manito Ocueño
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One of the most awaited festivities in the Ocú sector, in Herrera is undoubtedly the Manito Ocueño Festival, a celebration that exalts the folkloric cultural traditions of a whole town.

The peasant marriage, as the greatest expression of love and Christian fervor of a couple ocueña, is the most representative exhibition of tradition that stands out in this important festival, before the eyes of hundreds of parishioners.
Over the years, this activity has attracted more people from all over the country, including foreigners who are looking for these dates to visit the town, promoting hotel occupancy in neighboring cities, which is at its maximum capacity at this time.

Zoila de Castillero, teacher and folklorist, explains that every year they receive requests from couples from almost all the villages of the district and that by means of a lottery they choose the winning couple. The only requirement is to be married or in coexistence and be both of Ocú or one of its settlements.
“Among marriages, songs of tenths, dances and native dances, the couple of newlyweds travels the town, mounted on a white horse and under a black umbrella, to celebrate with their loved ones this new union for God and San Sebastián” relates The educator.
This year, of seven aspiring couples, the lucky ones are Justina and Felicito Higuera, who have been married for four years by the civilian route and anxiously await the peasant ceremony on Saturday 19th at 10:00 am in the San Sebastián Church of Ocú.

Tradition for generations
The ocual manitos are men and women of very defined characteristics, not only in their exterior, but also in their sentimental manifestations. It is common to hear the coupled saloma of the peasant, who with his machete on his shoulder and degastadas cutarras makes his way to the field to work the land.
While in a humble dwelling, the smell of omelet and hot coffee freshly lowered from the stove, between horsefalls and the cacareo of the hens at dawn, forty years ago, Aristides Aparicio and his wife Dominga lived this experience on September 4 1977.
Dominga remembers that it was common to get up very early and find fresh eggs for the children’s breakfast, as well as collect the nances of the time in a pan (pot to clean rice after pillar).

Some of the performances that the poblanos perform during the traditional parade on the last day of the festival are the Tamarindo Duel, the Embarra Juntas, the Ranch Charge for the new house and the transfer of patients to the hammock.
All these postcards are revived in the minds of visitors to this unique event in Panama, strengthening the identity of the man and woman of the countryside, where many years ago the transportation did not arrive and the nights were very long due to lack of electrical service, but never He lacked the frank hand of the manito as a sign of brotherhood and solidarity among peasants.



Una de las festividades más esperadas en el sector de Ocú, en Herrera, es sin duda, el Festival del Manito Ocueño, una celebración que exalta las tradiciones culturales folclóricas de todo un pueblo.

El matrimonio campesino, como la mayor expresión de amor y fervor cristiano de una pareja ocueña, es la más representativa muestra de tradición que se resalta en este importante festival, ante la mirada de cientos de feligreses.
Con el pasar de los años, esta actividad concentra mayor cantidad de personas de todas partes del país, incluyendo extranjeros que buscan estas fechas para visitar el poblado, promoviendo la ocupación hotelera de ciudades vecinas, que por estas fechas está en su máxima capacidad.

Zoila de Castillero, maestra y folclorista, explica que todos los años reciben solicitudes de parejas de casi todos los poblados del distrito y que mediante un sorteo escogen a la pareja ganadora. El único requisito es estar casados o en convivencia y ser ambos de Ocú o alguno de sus corregimientos.
“Entre mejoranas, cantos de décimas, bailes y danzas autóctonas, la pareja de recién casados recorre el pueblo, montada en un caballo blanco y bajo un paraguas negro, rumbo a festejar con sus seres queridos esta nueva unión por Dios y San Sebastián” relata la educadora.
Este año, de siete parejas aspirantes, los afortunados son Justina y Felicito Higuera, quienes tienen cuatro años de casados por la vía civil y esperan ansiosos la ceremonia campesina el Sábado 19 a las 10:00 de la mañana, en la Iglesia San Sebastián de Ocú.

Tradición por generaciones
Los manitos ocueños son hombres y mujeres de características muy definidas, no solo en su exterior, sino también en sus manifestaciones sentimentales. Es común escuchar la acoplada saloma del campesino, que con su machete al hombro y degastadas cutarras emprende su recorrido hacia al campo a trabajar la tierra.
Mientras en una humilde vivienda, el olor a tortilla y café caliente recién bajados del fogón, entre pisadas de caballos y el cacareo de las gallinas al amanecer, hace cuarenta años, Aristides Aparicio y su esposa Dominga, vivieron esta experiencia el 4 de septiembre de 1977.
Dominga recuerda que era común levantarse muy temprano y buscar huevos frescos para el desayuno de los niños, así como recoger los nances de la época en una batea (recipiente para limpiar el arroz luego de pilarlo).

Algunas de las representaciones que los poblanos realizan durante el tradicional desfile el último día del festival, son el Duelo del Tamarindo, las Juntas de Embarra, la Carga del Rancho para la nueva vivienda y el traslado de enfermos en hamaca.
Todas estas postales se reviven en la mente de los visitantes de este evento único en Panamá, fortaleciendo la identidad del hombre y mujer del campo, donde muchos años atrás el transporte no llegaba y las noches eran muy largas por falta de servicio eléctrico, pero nunca faltó la mano franca del manito como muestra de hermandad y solidaridad entre campesinos.

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