REPORTAJE.- En pleno corazón de Santa Ana, a un paso del Casco Antiguo declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, hay una calle que tiene el nombre de un presidente y carga con el abandono de casi tres décadas. Se trata de la Calle 13, conocida entre los vecinos como «la Calle de Reflexión», aunque su real nombre es Calle Carlos A. Mendoza, en honor al primer presidente afrodescendiente de Panamá, quien vivió ahí.
Recientemente la conocimos, luego de un recorrido denominado «El Arrabal Santanero«, organizado por Efraín Guerrero, del Movimiento Identidad y conocedor de la zona, quien nos explicó todo sobre esa calle, colindante con el sector más valorizado turísticamente del país, pero con edificios vacíos, lotes baldíos y un historial de incendios.
De la posguerra al abandono
Es «una calle vacía y sin vida local«, como la describe Efraín, quien nos relata que el deterioro no ocurrió de un día para otro, ya que los edificios de la Calle 13, la mayoría de mampostería, dejaron de recibir mantenimiento y varios terminaron por desplomarse, lo que, por riesgo obligó a que familias enteras se mudaran de la zona.
A eso se sumaron los incendios, ya que en los últimos años hubo incendios en Calle 13, cuenta Efraín, y menciona en particular el sector de la logia masónica, donde hoy funciona el nuevo Museo del Chocolate. También existen lotes que llevan años baldíos, algunos atravesando procesos legales de prescripción adquisitiva, una figura que permite reclamar la propiedad de un inmueble tras años de posesión continua.
El punto de quiebre, dice Efraín, fue la declaratoria de patrimonio de 1997, porque a partir de allí comenzó a plantearse la posibilidad de expandir el Casco Antiguo hacia zonas vecinas, y el abandono progresivo terminó siendo, en palabras de Efraín, «la manera más fácil» de preparar ese terreno. y pone un ejemplo cercano, una escuela pública ubicada junto a la Calle 13 permanece en un estado de deterioro notable, «el gobierno dirá que hay pocas matrículas, que la escuela está mala y que hay que cerrarla para el bienestar de los niños y trasladarlos a otro lado, pero jamás pensaron en darle mantenimiento para que los niños pudieran seguir estudiando allí«, señala.
Airbnb, un Vivero y un Museo de Chocolate, los que sí llegaron
Pese al abandono, la calle no está completamente muerta, ya que hay edificios en venta y otros ya convertidos en alojamientos tipo Airbnb, mientras que un local funciona como vivero y otro alberga el Museo del Chocolate, mientras que algunos espacios vacíos se han cedido para actividades culturales.
Efraín describe el contraste como una calle «abandonada pero diversa«, pues, conviven la inversión moderna orientada al turista con focos de resistencia comunitaria y como ejemplo habla del caso de una vivienda frente a Casa Coronel, donde todavía viven algunas personas en medio de edificios vacíos, «eso es como si en cualquier momento el lobo fuera a soplar y todo se viniera abajo«. Señala también un lote en esquina con potencial para un negocio de comida rápida tipo «RoofTop«.
Los dueños existen, pero casi ninguno vive allí. Las casas están como «con dueños, sin dueños»
Pero, quiénes son los propietarios de estos edificios, que además son hermosos, pero están en completo abandono, dando la sensación de que estuvieses en el «Viejo Oeste«, solo falta el «estepicursor«, esa planta redonda que se ve rodando con la brisa en las películas de vaqueros. La mayoría de los inmuebles tiene propietario, nos dice Efraín, pero muy pocos son panameños que residan en el sector, predominan los inversionistas inmobiliarios, varios de ellos extranjeros.
Aquí entra un factor que, según él, explica por qué la inversión no avanza al mismo ritmo en calles vecinas como la de El Chorrillo, que en abril de 2026 el gobierno amplió los incentivos para inversión turística y deducciones tributarias en el entorno del Casco Antiguo, pero esos beneficios no alcanzan a esta pequeña calle, «ahora mismo invertir en esas calles no genera deducible ni ganancia para el inversionista extranjero«, explica.
Ese vacío de incentivos, agrega, alimenta sospechas dentro de la comunidad sobre una serie de incendios ocurridos en el sector, por ejemplo en la Bajada de Ñopo y en Santa Ana, donde se registraron cuatro incendios en una sola semana. Efraín no afirma que hayan sido provocados, pero s, hasta en la Asamblea de Diputados existe esa sospecha, ligada directamente a la disputa por el valor futuro de esos terrenos. Vale la pena abrir investigaciones, no vayan a darse este tipo de siniestros en la Calle 13, lo que sí la liquidaría de por vida, y con toda su historia.
La pregunta del millón, ¿y dónde están las autoridades?
Aquí Efraín es contundente, «están bien dormidas«., y esto porque ni la Junta Comunal ni las organizaciones vecinales han impulsado un censo de propiedades ni una identificación clara de qué terrenos son privados y cuáles estatales, un paso que él considera imprescindible para poder diseñar cualquier proyecto de recuperación.
Atribuye esa inacción, en parte, a que «hay una necesidad de vivir el día a día y no se está viendo el problema a futuro«. Reconoce, además, que cualquier avance depende del respaldo del gobierno central y del municipio, dos instancias que deberían tomar control. Aunque hay un dato que cambia el panorama a mediano plazo, la Calle 13 se perfila como la nueva entrada vehicular al Casco Antiguo, y esto se nota en que ya se construyeron los estacionamientos correspondientes, del lado de Puerta Sur y, para Efraín, eso hace visible que la inversión termine llegando también a esta calle casi muerta.
El turismo para revivirla
Preguntado sobre qué puede hacer la propia comunidad, Efraín apuesta por la organización comunitaria como primer paso, y por el turismo como herramienta concreta de resistencia frente al desplazamiento o gentrificación. Para Efraín es como un «turismo de apropiación«, en el que los propios residentes recuperan el sentido de pertenencia con su barrio y, a partir de ahí, reciben al visitante. Destaca que el cambio cultural es el tramo más difícil del proceso, porque implica modificar hábitos instalados durante años. «Es difícil, pero poco a poco se está logrando«, finaliza.










