ARTÍCULO.- Hay muchos tipos de turismo, y todos van según el gusto de cada persona, sin embargo, el turismo deportivo es ese que ya muchos economistas lo están viendo como una nueva forma de hacer mover la economía de destinos.
Para muchos conocedores en turismo, el turismo deportivo no es simplemente ir a ver un partido, es un movimiento poderoso que activa hoteles, restaurantes, aerolíneas, transporte, comercio y entretenimiento con una velocidad y una intensidad que, tal vez otros tipos de turismo pueden igualar.
Y Panamá, en este preciso momento, está protagonizando una de las demostraciones más espectaculares de esa realidad ya que, según se informa, más de 25 mil panameños cruzaron fronteras para acompañar a la Selección en la Copa del Mundo, y la prueba está en que, en el partido entre Panamá y Ghana, de los aproximadamente 43 mil asistentes en el estadio, se estimó que alrededor de tres cuartas partes eran panameños y eso no es solo fanaticada, es turismo deportivo masivo, puro y duro.
Muchos saben que yo soy muy malo para los números, pero con ayuda de una calculadora, lo hacemos, y pongamos un ejemplo claro lo de Canada, si calculamos que cada panameño que viajó a Toronto invirtió un mínimo de 3,500 dólares entre pasajes aéreos, hospedaje, alimentación, transporte local, excursiones y, desde luego, las rumbas y celebraciones que no podían faltar, estaríamos hablando de un flujo económico cercano a los 87.5 millones de dólares saliendo de Panamá y aterrizando directamente en la economía canadiense.
Y eso en un escenario conservador, porque si nos vamos a que el promedio sube a 5,000 dólares por viajero, y en una ciudad como Toronto, con habitaciones que oscilan entre mil y tres mil dólares por noche durante el torneo, ese número es perfectamente podría aumentar a 125 millones de dólares aportados por la fanaticada panameña sola, por eso no nos sorprende que según estimaciones de FIFA, la celebración de seis partidos en Toronto inyectará 520 millones de dólares al PIB regional y generará 340 millones en ingresos laborales, y los panameños, con su pasión y sus carteras o tarjetas de crédito, son parte activa de esa ecuación.
Entonces… aterrizando en el territorio nacional, Panamá tiene una geografía, conectividad aérea, infraestructura hotelera y una posición estratégica que la convierten en escenario ideal para atraer eventos deportivos internacionales como maratones, torneos de golf, campeonatos de natación en aguas abiertas en la bahía, competencias de ciclismo, festivales de surf, partidos clasificatorios de béisbol y fútbol de talla regional, ligas de baloncesto latinoamericano.
Cada uno de esos eventos es una inyección directa de divisas, empleos y visibilidad internacional. Y cada uno de ellos exige la participación coordinada y decidida de las autoridades nacionales, de Promtur y la Autoridad de Turismo, de los municipios y de los alcaldes, que deben dejar de ver los eventos deportivos como espectáculos y empezar a verlos como herramientas de desarrollo económico territorial.
Lo que muy pocos calculan cuando piensan en un evento deportivo es la dimensión completa de la caravana humana que lo rodea, por ejemplo, un atleta no viaja solo, llega con su entrenador, su preparador físico, su médico del equipo, sus asistentes técnicos, su delegación oficial, su familia. A ellos se suman los árbitros, los periodistas acreditados, los patrocinadores, los representantes de federaciones internacionales y, por supuesto, los fanáticos, que son la masa más grande y la que más consume.
La presencia panameña en Toronto se extendió más allá de los estadios, con banderazos, los “cutarrazos”, encuentros de aficionados y actividades turísticas reuniendo a cientos de personas en distintos puntos de la ciudad, incluyendo una jornada multitudinaria en las cataratas del Niágara, aunque después regresaron a “pasar el Niagara en bicicleta”, como dice el dicho.
Pero… queda claro que eso es exactamente lo que ocurre con cada evento deportivo bien organizado, el impacto económico positivo se siente en toda la ciudad, no solo sobre el estadio. Cuando Panamá organice sus propios eventos de talla internacional, esa misma dinámica multiplicará el gasto en cada rincón del país receptor.
El turismo deportivo no es una tendencia pasajera, es una de las formas más rentables y sostenibles de posicionar un destino en el mapa global. Para Canadá, el Mundial aportará hasta 3,800 millones de dólares como resultado económico positivo, incluyendo 2,000 millones de dólares directos al PIB nacional y la creación de más de 24,100 empleos.
Panamá no necesita organizar un Mundial para conseguir esos beneficios, necesita una política pública coherente, un calendario de eventos deportivos construido con visión turística, presupuestos municipales que incluyan la captación de competencias internacionales, y la voluntad política de entender que un estadio lleno de visitantes extranjeros vale como varias temporadas de turismo convencional.
Los 25 mil panameños que pintaron de rojo las calles de Toronto están enviando un mensaje clarísimo a sus propias autoridades, la pasión deportiva moviliza masas, abre carteras y saca tarjetas de crédito, y esto construye economías. La pregunta es si Panamá tendrá la inteligencia de capitalizarla en casa.
Piénsenlo.!!!


